18 de octubre de 2016
Una vez más, ese sentimiento de angustia, que tantos desvelos nos generaba en las noches previas a un nuevo desembarco, volvió a surgir aquel amanecer cuando, tras el toque de diana, nos apresuramos a formar en cubierta. Y allí, erguidos, escuchábamos otra vez el vehemente discurso del capitán quien, exagerando sus gesticulaciones, volvía a hablar sobre el glorioso destino que nos aguardaba en la orilla. Aún recuerdo los temblores, y los sudores fríos que sentíamos al descender a los botes, y la inquietud que paulatinamente se transformaba en miedo al aproximarnos a la playa. Volvíamos a enfrentarnos otra vez al horror. Pero no al del derramamiento de sangre, al de los cuerpos desmembrados, al de los gritos de dolor. Sino al horror de la vergüenza que sentíamos ante todas aquellas distinguidas damas que disimulaban sus risitas tapándose con sus parasoles, las chanzas de los señoritos trajeados, las miradas de los viejos que no daban crédito a lo que veían desde el paseo de la playa o las burlas de los niños en la arena mientras portábamos en brazos a los oficiales que no querían estropear sus uniformes porque era su día de permiso.
· Fondo musical para acompañar la lectura: Fred Bird & the Salon Symphonie Jazzband - Stampede.
5 de julio de 2016
Fue algo que surgió de manera espontánea. Aunque no nos pudimos imaginar que aquella ingenua nadería de un grupo de amigos que tan solo pretendían pasar una noche de diversión en un pequeño piso de estudiantes, generaría tal expectación. El enfado del vecindario por el ruido que causamos, junto con la posterior presencia de la policía, no hicieron más que acrecentar una menudencia que entre unos y otros tergiversaron desde el primer instante. Pero el caso es que nos atribuyeron unos hechos que en realidad eran absurdos. Sin embargo, por no soliviantar más los ánimos, que estaban demasiado calientes, preferimos dejar que los acontecimientos fluyesen de forma natural, aún siendo conscientes de la estupefacción creada, porque muchos fueron los que pensaron que éramos la reencarnación del verdadero espíritu revolucionario, a pesar de nuestros esfuerzos por convencerles de que nuestro amigo Jeff no era Emiliano Zapata, ya que ni tenía bigote y, ni mucho menos, poseía parecido alguno con Marlon Brando.
· Fondo musical para acompañar la lectura: Carlos Chávez (1899-1978) - Sinfonía nº 2, "Sinfonía india" (1935-36).
10 de junio de 2016
No pude contener las lágrimas de emoción cuando, ya adolescente, mi padre me contó la verdad sobre el estigma que sufrió nuestra familia a causa del acto heroico al que se vio abocado mi abuelo. Era una cuestión de estado, pero los míos callaron lo poco que sabían aun siendo conscientes de que serían víctimas de malinterpretaciones y habladurías. Mi abuelo nunca destacó en nada. Mas bien fue un hombre que pasaba desapercibido allá por donde iba. Su físico era tan corriente que le proporcionaba una especie de invisibilidad. Algo en lo que se fijó un superior cuando fue llamado a filas, en plena guerra. Por lo que le embarcaron en una peligrosa misión de espionaje, enviándole al corazón del Imperio del Sol Naciente, a una casa de citas donde se reunían algunos miembros del Estado Mayor. Pero fracasó. Fue descubierto y hecho prisionero. Tras décadas de lucha contra el mutismo oficial, mi padre consiguió averiguar algo, aunque muy poco, sobre el destino del abuelo quien, al parecer, en su ingenuidad no reparó en afeitarse el bigote.
· Fondo musical para acompañar la lectura: japanese song, female vocale, late 1920's
9 de junio de 2016
Tras una larga vida entregada a la investigación, el afamado parapsicólogo Edwyn C. Gardiner no pudo dar crédito al fenómeno que presenció cuando Evangeline Swindlehurst entró en trance aquella tarde de un frío invierno de 1889. La joven, que vivía en un pequeña localidad del condado de Yorkshire, tenía poderes paranormales que para muchas gentes del lugar eran al parecer una suerte de iluminaciones que predecían el futuro. Gardiner, sin salir de su asombro, creyó que aquello podría abrir una nueva puerta a otra dimensión que permitiría un mayor conocimiento sobre la existencia humana. Pero las diversas instituciones académicas y científicas vieron en todo aquello un burdo montaje, por lo que el asunto se acalló de tal manera que, tanto la figura de Gardiner como los testimonios, los estudios y los documentos que atestiguaban los hechos desaparecieron en extrañas circunstancias. Hasta que el 24 de marzo de 2010, en un congreso organizado por la universidad de Wildpeaks, el profesor Andrew F. Wheelock reveló que había hallado una antigua imagen que probaba la falsedad de un hito de la ciencia, que Edison no fue el inventor la lámpara incandescente. · Fondo musical para acompañar la lectura: Marie Lloyd - Every little movement has a meaning of it's own.
3 de junio de 2016
Las cosas se pusieron de aquella manera. Pero ¿qué podía hacer? La situación era extremadamente delicada. Tuve que hacerlo porque, aunque él me inquietó por su aspecto, hubo un momento que me pareció una eternidad, en el que sentí un cierto temor. Incluso hasta pánico. Pero tuve que hacer como si todo eso fuese algo normal. Al fin y al cabo había muchos ojos observándonos. Algunos con cámaras fotográficas. Y comencé a transpirar. Hubo instantes que me sentí perdido en esa amalgama de sentimientos encontrados que recorrieron mi interior. No era dueño de mis actos. Y aun así, traté de mantener la compostura. Sobre todo cuando me hicieron estrechar la mano de ese ser que, según supe después, despertaba en los demás una gran expectación. Hasta que fui consciente de que mi mirada me delataba. Pero logré salvar la situación esbozando mi mejor sonrisa, a pesar de que me pareció muy raro que me pusiesen junto a un tipo con una enorme mata de pelo al lado de cada una de sus orejas.
· Fondo musical para acompañar la lectura: Shin Joong Hyun - Hiky shin, 1958
1 de junio de 2016
Cuando los días comenzaron a ser más largos, aquella tarde nos reunimos en la playa para dar rienda suelta a nuestras locuras. Quizá por la llegada del buen tiempo después de un largo y frío invierno, ese día nos dejamos llevar por un súbito arrebato que me resulta dificil explicar. También porque éramos conscientes de que las vacaciones estaban muy cerca. Sé que más de uno, ahora, en estos instantes, mientras lee estas palabras y contempla la imagen, puede estar pensando en algún hecho sorprendente que nos ocurrió. Imaginen lo que deseen. Tienen toda la libertad para hacerlo. Pero más allá de sacarles una leve sonrisa y sin intención alguna de defraudar sus expectativas, poco más les puedo decir, salvo que fue un acto reflejo. Había que tapar el bañador tan horroroso que aquella misma tarde había adquirido mi amigo Paul.
· Fondo musical para acompañar la lectura: Les Paul & Mary Ford - The world is waiting for the sunrise
25 de mayo de 2016
No les puedo mostrar imagen alguna de mi aspecto porque, por discreción, siempre traté de pasar desapercibido ante los demás, de evitar incluso las cámaras fotográficas. Tampoco es que poseyese un físico que llamase la atención, pero mi trabajo como vendedor de lavadoras hizo que desarrollase un don, un aura, un gracejo que me proporcionaron con el tiempo un enorme éxito social que, como es lógico, aproveché hasta las últimas consecuencias sin prever que estás se me irían de las manos llevándome a un trágico final. Era algo que no podía evitar, algo intrínseco en mi ser, en mi propia naturaleza. A todas las amé. Pero solo hubo cuatro de ellas que no lo entendieron así. · Fondo musical para acompañar la lectura: Sonny Boy Williamson - Bye bye bird
20 de mayo de 2016
Sabía que su invento iba a significar un giro radical en una sociedad cada vez más influenciada por las tendencias que dictaba la publicidad, haciendo que muchas jóvenes comenzaran a soñar con tener un cuerpo estilizado, al igual que esas modelos que salían en las revistas. Como también tenía la fuerte convicción de que iba a mejorar muchas vidas, desde la sufrida ama de casa hasta la dama de la alta aristocracia. Pero poco duró la satisfacción del profesor Godfrey Edensor Middlemast, ya que Edwina Morris, la joven que se prestó voluntaria para la prueba, desató un escándalo a nivel nacional al revelar ante los medios que aquel artefacto tenía deficiencias, calificándola de ser un auténtico fiasco. Porque ella, que no era demasiado agraciada, no solo se quedó igual que siempre, sino que vio, atónita, que el resultado del experimento fue un duplicado de si misma pero mucho más atractiva, con un estilo más moderno y además con un gran sentido del humor.
· Fondo musical para acompañar la lectura: Ames Brothers - Rag mop.
18 de mayo de 2016
Fueron muchos los que no dieron crédito al descubrir que Cyril Bruckman tenía un lado oscuro cuando aquel día las autoridades policiales se lo llevaron esposado. Cyril, el chico enclenque de voz atiplada, tímido, ingenuo, algo torpe y con no demasiadas luces había intentado atracar minutos antes una pequeña oficina bancaria. Durante el juicio, con su anciana madre, siempre tan protectora, implorando con lágrimas en sus ojos que su vástago era incapaz de matar a una mosca, se supo que el asalto se frustró a causa de su peculiar tono voz y de un error de cálculo en el diseño de su capucha que le impedía apenas mover las manos, haciendo que los pocos clientes que se hallaban en el establecimiento pensasen que se trataba de una broma. Hecho que convirtió a Cyril en el delincuente con la carrera delictiva más breve de la historia ya que ésta no llegó a sobrepasar los quince minutos de duración.
· Fondo musical para acompañar la lectura: Earl Hines - Ugly child
6 de mayo de 2016
Yo siempre estaba ahí, observándola. Confieso que me dejó subyugado desde el primer momento en que la vi. Esa mirada huidiza, ese cuerpo frágil que se movía como si estuviese siguiendo la coreografía de un ballet. Pero sabía que no podía emocionarme, que debía de dominar mis sentimientos. Sólo que, a pesar de ello, en los sucesivos encuentros que tuve con ella no pude dominar el estremecimiento que, como una mecha, incendiaba mis entrañas provocándome una especie de nerviosismo, de cosquilleo en el vientre que, luego, al caer la noche, me impedía dormir. Y aún así, gracias a mis denodados esfuerzos por controlar mis emociones, nunca le dirigí la palabra. Me mantuve firme, en la distancia, aunque he de confesar que, pese a mi extremada contención, por mi mente desfilaron un sinfín de pensamientos, casi siempre desaforados. Y por qué no decirlo, con una elevada carga sexual. Pero yo era un profesional. Tenía que seguirla para averiguar si ella tenía un amante, porque soy detective privado. · Fondo musical para acompañar la lectura: Roland Kirk - Ruined castles (1964)









